Artista del mes: Jorge Martínez Ríos

Por Iván Martínez

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Uno de los artistas jóvenes mexicanos que mayor reconocimiento están obteniendo fuera de México mientras aquí poco se les conoce, es el violista Jorge Martínez Ríos. Originario de Coahuila y formado en Morelia, el maestro estudió luego en Michigan, donde formó el Cuarteto La Catrina –también de mexicanos tristemente con poca presencia en nuestro país-, con quienes ahora forma parte de la plantilla de la Universidad Estatal de Nuevo México como cuarteto en residencia. Platicamos con él sobre la viola y sus proyectos personales.

La viola: ¿los malos violinistas terminan tocando viola?

No lo sé, pero eso es definitivamente un triste cliché. Creo que hay tanto buenos y malos músicos en ambos instrumentos. En mi caso, comencé mis estudios de viola a los 17 años sin antes tocar violín y no mucho interés tuve por este último.

¿Cómo ves la educación de la viola en México? Tú estudiaste en Morelia y luego te fuiste a Estados Unidos.

Creo que las cosas mejoran con el transcurso de los años en al ámbito musical en México.

Cada vez escuchamos de un número mayor de buenos violistas. Efectivamente, yo estudié con la Maestra Gela Dubrova en Morelia.

Mientras era estudiante trataba de atender o participar en clases maestras, orquestas y festivales en todo el país. Realmente no encontré a alguien con quien pudiera hacer una maestría en aquel entonces y por recomendación de ella me fui a Michigan en el 2001.

Terminé una maestría en ejecución y otra en música de cámara. Vivo en Estados Unidos desde entonces y me encuentro rodeado de excelentes violistas de diferentes cuartetos y orquestas. He aprendido mucho de todos ellos y encuentro una gran inspiración para hacer la voz de este instrumento más apreciada en el público.

Me comentaba Omar Hernández-Hidalgo en alguna entrevista que hicimos, que para él era importante que los violistas comenzaran tocando viola, con violas pequeñas… ¿tú qué opinas? 

Creo que hay un elemento en cuanto a la producción de sonido que es muy único de la viola. El comenzar con la viola puede ser muy saludable para poder entender verdaderamente este instrumento. Por otro lado, a través de la historia encontramos grandes violistas que primero fueron violinistas.

Creo que es difícil generalizar. Como te decía, yo comencé en la viola, más que nada por cuestiones de edad, es decir, no había tiempo de tocar el violín un par de años para luego cambiarme a la viola. Eso sí, me hubiera gustado comenzar a una edad más temprana.

¿Cómo es la labor que llevas a cabo como maestro en Nuevo México? ¿Qué idea sobre la viola intentas desarrollar en tus alumnos?

Cuando nos contrataron como cuarteto en residencia en la New Mexico State University había solamente un violista. Ahora tengo seis en mi estudio y el próximo año espero a dos más. Además de las clases de viola, doy una clase de música de cámara y una de solfeo.

Trato de que mis alumnos desarrollen una versatilidad en el instrumento. Primero trato de desarrollarles una técnica solvente y al mismo tiempo cubrimos el repertorio básico. Parte de su desarrollo es la música de cámara la cual trae los elementos más importantes del oficio de la música. Una vez que estos primeros pasos están cubiertos, trato de introducirlos al repertorio de los siglos XX y XXI para que tengan la visión histórica del instrumento. Así, ellos pueden desarrollar su oficio violístico de acuerdo a sus gustos y personalidades.

Al final de cada semestre hacemos una grabación del repertorio aprendido para mandarlo a festivales, orquestas de verano y que a la ves vayan creando su curriculum y perfil dentro del medio.

Hablando de viola y violistas, aquí Enrique Márquez nos decía que él ve al instrumento como uno de conjunto, no como solista, y Omar aquí también criticaba a quienes no se dedicaban a ser solistas ni propiciaban nuevo repertorio… ¿tú cómo ves a la viola?

Una cosa es cierta: existen pocos conciertos para viola en comparación a los conciertos de violín o cello. Creo que una labor importante para cualquier violista debe ser estar al tanto de compositores jóvenes talentosos e invitarlos a escribir para nuestro instrumento.

Fuera del cuarteto, que es donde te has desarrollado principalmente, ¿qué repertorio te interesa?

Me interesa mucho el repertorio latinoamericano contemporáneo. Uno de mis proyectos es hacer un disco el próximo año en donde incluya un “mélange” desde piezas tonales ligeras como Piazolla y James Grant hasta obras mas serias como Moncayo y Schulman,

donde pueda mostrar el timbre del instrumento en música y géneros relativamente conocidos.

Aunque en México poco se habla de ustedes, del Cuarteto La Catrina, fuera de aquí están haciendo una trayectoria muy importante: no cualquiera puede presumir compartir el Grammy que acaba de ganar el Cuarteto Latinoamericano, ¿qué planes hay con el cuarteto, tanto en México, como en Estados Unidos como en materia discográfica?

Fue un honor para nosotros haber grabado con el Cuarteto Latinoamericano, una trayectoria así es única y admirable. Tenemos material de cuarteto para cuatro discos que serán grabados en los próximo dos años. Los grabaremos en el estudio del compositor cubano Yalil Guerra, también ganador de Grammy, en Los Angeles.

Entre las obras que grabaremos estarán el “Cuarteto No 2” de Roberto Sierra compuesto para el Cuarteto La Catrina, y otras obras de Lavista, Gutiérrez-Heras, Revueltas, un cuarteto del mismo Yalil Guerra, Golijov y Piazzolla. Estamos muy emocionados por este proyecto ya muy merecido.

También haremos otro disco muy único de quintetos de tuba con nuestro colega de la Universidad James Shearer.

Hablando de experiencias discográficas, tenemos el privilegio de que hayas sido tú quien grabó la Sonata para viola de Moncayo en el proyecto del CONACULTA con que se conmemoró el centenario. ¿Cómo ves la obra? Fuera de la emoción de grabarla a principios de este año, ¿qué lugar ocupa en el repertorio?

Muy contento con este proyecto y con haber trabajado con la Maestra Parrondo. Es una muy buena obra, un tanto ecléctica. Me parece que tiene un merecido lugar en el repertorio violístico, pero definitivamente es una obra que tiene que ser más conocida en los próximos años.

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